Aviones de combate rompiendo la barrera del sonido ocho veces al día sobre una ciudad aterrorizada. El retorcido experimento militar que mató al Concorde y prohibió los vuelos supersónicos

Aviones de combate rompiendo la barrera del sonido ocho veces al día sobre una ciudad aterrorizada. El retorcido experimento militar que mató al Concorde y prohibió los vuelos supersónicos
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A mediados de los años 60, Estados Unidos se propuso tener su propio avión supersónico de pasajeros para plantar cara al Concorde europeo y al Túpolev Tu-144 soviético. Solo hacía falta demostrar que el estruendo que produce uno de estos aviones al romper la barrera del sonido no era nocivo para la población en tierra.

El Gobierno estadounidense puso en marcha un experimento con el objetivo de demostrar que las explosiones sónicas no producen ningún problema para la gente que está en tierra. Era una prueba destinada al fracaso y, efectivamente, fracasó de forma estrepitosa. Al menos fue determinante para la industria de la aviación.

Ventanas rotas, paredes y techos agrietados y miles de personas profundamente molestas

Imagínate que estás en tu casa tranquilamente y, en el mejor de los casos, escuchas una enorme explosión. En el peor de los casos, esa misma explosión revienta las ventanas e incluso paredes de tu vivienda. Pues eso es lo que vivieron los habitantes de Oklahoma City, Estados Unidos, a mediados de los años 60, ocho veces cada día durante varias semanas.

Fue un experimento de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) y, lógicamente, fue un suplicio para la gente que vivía en Oklahoma, pero el Gobierno estadounidense pensó que era el precio a pagar por tomar la delantera en la guerra de la aviación supersónica comercial. Un deber patriótico.

Y es que, en plena Guerra Fría, esta particular carrera se convirtió en un asunto nacional porque la Unión Soviética estaba desarrollando el Túpolev Tu-144 y Europa, concretamente Reino Unido y Francia, financiaban el desarrollo del Concorde, por lo que Estados Unidos se propuso tener su propio avión supersónico de pasajeros. Solo tenía que resolver dos cuestiones: en qué empresa invertir para desarrollar ese avión (había que elegir entre el Boeing 2707, el Lockheed L-2000 y el North American NAC-60) y comprobar si los vuelos supersónicos regulares eran viables en tierra, es decir, qué efectos podían tener la población.

Boeing 2707
Dibujo del Boeing 2707. Imagen | Wikipedia (Nubifer).

En ese momento, los vuelos supersónicos estaban a la orden del día en el ámbito militar y se conocía perfectamente lo que ocurría cuando un avión rompía la barrera del sonido: el denominado boom sónico o explosión sónica. Cuando una aeronave supera Mach 1 (la velocidad del sonido), es decir, los 1.234,8 km/h, produce una gran explosión que se escucha perfectamente en tierra.

Ese ruido es muy molesto para la población, para la fauna e incluso para las infraestructuras, puesto que puede romper las ventanas de un edificio, como ha sucedido en más de una ocasión. Tan bestia puede ser la explosión que en algunos casos ha supuesto la muerte de animales en tierra, como sucedió con entre 2.000 y 3.000 gallinas hace unos años en Albacete.

Sin embargo, aunque se supieran los efectos que tiene en tierra una explosión sónica, el Gobierno de Estados Unidos estaba empeñado en tener su propio avión de pasajeros supersónico para llevar a cabo vuelos regulares en tiempo récord.

Sería una revolución en el sector del transporte, así que la Administración Federal de Aviación decidió llevar a cabo una prueba para demostrar que las explosiones sónicas no eran para tanto y que realmente no suponían ningún inconveniente para la población, todo con el objetivo de dejar claro que los vuelos supersónicos regulares eran viables para la población. Por otro lado, no había datos relativos a esta cuestión porque no se había hecho ningún estudio hasta ese momento.

La prueba, llamada 'Operación Bongo II', consistía en romper ocho veces al día la barrera del sonido sobre una ciudad durante seis meses. La propia FAA había manifestado públicamente cuál quería que fuese el resultado de la prueba: "La FAA está convencida de que las explosiones no serán problemáticas. Otros expertos en aviación no están de acuerdo", decía el New York Times en 1964, como recoge Jalopnik.

B 58
El Convair B-58 Hustler fue uno de los aviones que se utilizaron en el experimento.

Para evitar, en la medida de lo posible, que el resultado fuese negativo, la FAA eligió un lugar favorable para llevar a cabo la prueba: Oklahoma City. Era un sitio favorable para la prueba porque la FAA y la USAF (Fuerza Área de los Estados Unidos) generaban mucho dinero en la ciudad a través de una base aérea (Tinker), el Centro Aeronáutico Mike Monroney de la propia FAA y centros de investigación y desarrollo de aeronáutica. Además, se suponía que la población estaba más acostumbrada a los aviones, por lo que toleraría mejor el experimento.

Incluso la Cámara de Comercio de Oklahoma City ofreció la ciudad para la prueba porque, a la postre, podría significar más puestos de trabajo para la ciudad si los aviones comerciales de pasajeros se convertían en realidad. Para lo que era necesario un resultado positivo en la prueba... Eso sí, la FAA ni siquiera pidió permiso al Ayuntamiento de Oklahoma City para llevar a cabo esa prueba.

Los vuelos supersónicos comenzaron sobre Oklahoma City, con cazas F-104, bombarderos B-58, algún F-101 y algún F-106, siempre a más de 10.000 metros de altitud, ocho veces al día y con una explosión sónica en cada una de esas ocasiones, tal y como estaba previsto. Se llevaron a cabo 1.253 explosiones sónicas, pero hubo que terminar el experimento antes de los seis meses previstos: para sorpresa de nadie, las explosiones sónicas eran nefastas para la población.

Us Air Force 5

Time aseguró que 9.594 personas se quejaron de daños en edificios, incluso a más de 25 km de la ruta de vuelo. La FAA llegó a indemnizar con 123.000 dólares a varios denunciantes por ventanas rotas y paredes y techos agrietados a causa de las explosiones térmicas. Cabvolo señala que se rompieron 147 ventanas de edificios durante las 14 primeras semanas

Empezó quejándose poca gente, en parte, porque las explosiones eran regulares, por lo que la población se acostumbró. Al principio, las administraciones locales no tuvieron en cuenta las quejas, pero, con el paso del tiempo, se quejaron más personas, hasta el punto de que las administraciones tuvieron que tomar cartas en el asunto. Primero se prohibieron estos vuelos de forma temporal y, poco después, se acabaron suspendiendo definitivamente.

El experimento acabó marcando el futuro del Concorde

Fue el paso necesario para que el Gobierno de Estados Unidos revocara la competencia de la FAA en materia de ruidos supersónicos para traspasársela a la Academia Nacional de Ciencia. A comienzos de los años 70, la FAA acabó prohibiendo que los vuelos supersónicos comerciales sobrevolaran la tierra por el ruido que generaban.

Us Air Force 0

También se cancelaron los fondos públicos para el programa de aviación supersónica comercial, que habían sido asignados para Boeing, por lo que la compañía americana se vio obligada a cancelar el desarrollo del Boeing 2707 y Estados Unidos se retiró de la carrera de la aviación comercial supersónica.

La Unión Soviética siguió adelante con el Túpolev Tu-144, que llegó a hacer vuelos comerciales en territorio soviético, limitado por la Guerra Fría. Por su parte, el Concorde de la francesa Aérospatiale y de la inglesa British Aircraft Corporation fue el proyecto más exitoso porque estuvo en servicio entre 1976 y 2003, pero nunca llegó a ser rentable. Tanto Francia como Reino Unido tuvieron que sostenerlo económicamente.

En parte, la falta de rentabilidad del Concorde se debió a la normativa estadounidense que prohibió los vuelos comerciales supersónicos sobre tierra. Grandes compañías americanas, como Pan-Am, tenían intención de comprar unidades del Concorde para establecer rutas supersónicas en territorio nacional, pero la normativa echó por tierra el proyecto y limitó mucho el servicio del Concorde, que acabó dejando de operar en 2003.

Overture Boom Supersonic

Más de 20 años después del último vuelo del Concorde y, por lo tanto, del último vuelo comercial supersónico, vuelve a tomar fuerza la idea de que los pasajeros volvamos a poder viajar en aviones supersónicos para reducir drásticamente el tiempo de los trayectos.

La normativa estadounidense no ha cambiado, pero una empresa de ese país, Boom Supersonic, está desarrollando un avión comercial supersónico bajo la promesa de que no producirá una explosión sónica en tierra.

Se llama Oberture y el objetivo es que rompa la barrera del sonido a una altitud suficientemente elevada como para que las ondas de sonido se refracten en la atmósfera y se curven hacia arriba antes de que nadie pueda oírlas. De momento, Boom Supersonic ya está probando con éxito un prototipo. Si este proyecto sale adelante (y acaba siendo viable), marcaría un antes y un después para la aviación comercial.

Imágenes | US Airforce, Wikipedia y Boom Supersonic

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