El Ejército de EEUU no acepta a cualquiera: los reclutas deben tener cierto cociente intelectual mínimo para poder alistarse en las Fuerzas Armadas. Y, según la rama, es elevado. Esto es más esencial si cabe en la guerra moderna, donde entran en juego la ciberseguridad, los drones autónomos y tecnologías de inteligencia artificial o la guerra electrónica.
Sobre ello reflexiona Roberto Colom, catedrático en psicología: no aceptan reclutas con un CI inferior a 83, y uno de los principales motivos es su capacidad para tomar decisiones en combate. Un ejemplo a la inversa fue el fracasado programa que hizo justo lo contrario: reclutar a cuantos más soldados mejor, rebajando los umbrales para su entrada en el Ejército.
No solo manejar un arma: también hay que saber improvisar
Roberto Colom, catedrático de Psicología Diferencial en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), es uno de los investigadores españoles más reputados en el estudio de la inteligencia humana. En el podcast ViOne, concretamente en el episodio 'La vida es un test de inteligencia a largo plazo', charla con Álvaro Bernad sobre cómo se mide la inteligencia o qué significa el cociente intelectual (CI o IQ en inglés). Y como ejemplo pone el umbral que exige EEUU para entrar en las Fuerzas Armadas.
Colom señala que el Ejército estadounidense establece un umbral que ronda el equivalente a un CI de 83. Según el experto en psicología, por debajo de este nivel aumenta notablemente el riesgo de cometer errores en combate. Explica que, más allá del aprendizaje, los soldados deben tener capacidad de actuar cuando no reciben órdenes claras o bien tomar decisiones de forma independiente. Personas con puntuaciones más bajas tienen problemas para anticipar consecuencias y situaciones o ser eficaces ante escenarios que no se completan durante la instrucción.
El umbral de inteligencia para reclutas. Hablamos de equivalente porque en realidad las Fuerzas Armadas no hacen un test de CI convencional: recurren al ASVAB (Armed Services Vocational Aptitude Battery), que es una batería de pruebas de aptitud específicas que evalúan, entre otras, capacidades de razonamiento aritmético, comprensión de textos o conocimientos matemáticos y técnicos. Con esta prueba se obtiene la puntuación AFQT, que determina si un candidato es apto o no para alistarse.
Categorías y percentiles AFQT. Fuente: ASVAB
Si bien el umbral general de exclusión está por debajo del percentil 10 (categoría V), los umbrales mínimos varían según la rama de las Fuerzas Armadas a la que quiere acceder el candidato, pudiendo ser más altos. Además la categoría IV (percentiles 10 a 30), aunque permite incorporarse al Ejército, lo hace con elevadas restricciones.
Si bien un 10 de percentil de AFQT y un CI de 83 son medidas diferentes, este último supone estar 17 puntos por debajo de la media habitual de los test de inteligencia, situada en 100. Es el rango mínimo de confianza. La equivalencia de Colom es por tanto aproximada.
Project 100.000: cuando el Ejército reclutó a soldados que antes rechazaba
Que el nivel de inteligencia de los soldados es sumamente importante lo demuestra la historia con el denominado 'Project 100.000'. Este programa, impulsado entre 1966 y 1971 por el secretario de Defensa Robert McNamara, permitió reclutar a jóvenes con puntuaciones de inteligencia o cognitivas muy bajas. En definitiva: perfiles con niveles que anteriormente habrían quedado excluidos.
La necesidad de tropas mandaba durante la interminable Guerra de Vietman, cuya derrota ningún presidente de EEUU quería asumir: su objetivo era reclutar a 100.000 hombres cada año, de ahí el nombre. Según los datos del programa, estos soldados tenían un CI inferior a 91 y cerca de la mitad no llegaba a 71. Lo ilustra por ejemplo la oscarizada 'Forest Gump'.
Desde su lanzamiento, permitió que ingresaran al las Fuerzas Armadas 354.000 hombres que previamente no habrían sido aptos. Se vendió como una manera de dar una salida a jóvenes desfavorecidos o incluso con discapacidad intelectual.
Los resultados fueron nefastos. De los conocidos despectivamente como 'McNamara’s Morons' (Imbéciles de McNamara, en inglés), 5.478 murieron en combate y casi 20.300 resultaron heridos. Además, estudios posteriores demostraron que estos reclutas registraron peores tasas de finalización de la instrucción, tanto básica como especializada, con abandonos prematuros. También tuvieron muchos problemas disciplinarios.
Se añaden las críticas de los mandos militares: estos reclutas carecían de las capacidades cognitivas y físicas mínimas para comprender órdenes complejas o manejar explosivos y armas de forma segura. Lo que se traducía en poner en peligro no solo a sí mismos si no al resto de la unidad. "Hablaban demasiado alto y hacían demasiado ruido al moverse, no sabían qué llevar al monte ni cómo vestirse correctamente, no podían responder a órdenes básicas de combate, disparaban demasiada munición y tendían a fallar incluso en los movimientos más sencillos de 10 km", explicó un veterano de la Guerra de Vietnam.
Imágenes | ZZEN en Youtube, Wikimedia
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